EVALUACIÓN DE LAS CONDICIONES AMBIENTALES Y DE LAS ACTIVIDADES SOCIOPRODUCTIVAS EN LOS SISTEMAS
AGROALIMENTARIOS RURALES DE QUINDIGUA Y GUANUJO, ECUADOR
La calidad del agua se puede medir usando indicadores físicos, químicos y biológicos. Estos dan
información adicional sobre el estado del agua. Algunas variables, como el pH, la conductividad
eléctrica, los sólidos totales disueltos y la turbidez, ayudan a definir las propiedades fisicoquímicas
del agua. Por otro lado, los compuestos nitrogenados y parámetros como la demanda bioquímica
de oxígeno (DBO) y la demanda química de oxígeno (DQO) muestran información sobre los
nutrientes y la materia que pueden degradarse u oxidarse (4, 5). Sin embargo, la caracterización
fisicoquímica sola puede ser insuficiente, especialmente en ambientes rurales donde las fuentes
de agua están muy ligadas a las actividades agropecuarias y a los asentamientos humanos (6).
En este contexto, los indicadores microbiológicos y parasitológicos son importantes para evaluar
la calidad del agua (6, 7). La presencia de coliformes totales y fecales suele evidenciar deterioro
microbiológico y evidentemente posibles aportes de contaminación de origen fecal (8). De forma
complementaria, protozoarios como Giardia spp. y Cryptosporidium spp. son consideradas
importantes, ya que se transmiten a través del agua y se mantienen en el ambiente (9, 10). Por
lo tanto, incluir parámetros fisicoquímicos, microbiológicos y parasitológicos ayuda a entender
mejor la calidad del agua. Esta forma de análisis permite descubrir situaciones que podrían no
verse si se examina solo un tipo de indicador.
El suelo es un elemento que cambia constantemente en los ecosistemas terrestres. Tiene
funciones muy importantes, como almacenar y dar nutrientes, controlar el agua, ayudar en la
producción de plantas, transformar la materia orgánica y participar en los ciclos biogeoquímicos.
(11, 12). Su capacidad para desarrollar ciertas funciones depende de sus características físicas y
químicas. Entre las propiedades que suelen usarse para conocerlas están el pH, la conductividad
eléctrica, la textura y el contenido de materia orgánica. También se considera la concentración
de elementos como el carbono, el nitrógeno, el hidrógeno y el azufre.
Dentro de estas propiedades, la materia orgánica es muy importante para el funcionamiento del
suelo. Participa en la formación y estabilidad de los agregados, en la retención de agua, en el
intercambio de nutrientes y en la actividad biológica. El carbono y el nitrógeno son componentes
clave de esta parte del suelo. Relaciones como la proporción de carbono a nitrógeno aportan
información adicional sobre la composición y el comportamiento de la materia orgánica (13). Esta
variabilidad puede estar relacionada con condiciones ambientales, características del suelo,
vegetación, uso del terreno y métodos de manejo. Por eso, analizar estas propiedades juntas
ayuda a reconocer patrones del suelo que difícilmente se verían al estudiar una sola característica
por separado.
La caracterización integrada de estos recursos es muy importante en los Andes ecuatorianos. En
los Andes ecuatorianos, la heterogeneidad topográfica, la heterogeneidad climática y la
heterogeneidad ambiental hacen que los sistemas edáficos y los sistemas hidrológicos cambien
mucho de un lugar a otro (14). En los territorios rurales andinos, el agua y el suelo se encuentran,
además, directamente relacionados con la agricultura y la ganadería y, en consecuencia, con la
capacidad de los territorios para sostener la producción local de alimentos (15). La generación de
información sobre la condición es un elemento necesario para establecer líneas base
ambientales. Además, orienta las estrategias de manejo sostenible de los recursos naturales.
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