SESGOS COGNITIVOS Y EMOCIONALES EN LA TOMA DE DECISIONES DE INVERSIÓN: UN ANÁLISIS EN EL MERCADO
FINANCIERO ECUATORIANO
capacidades propias como la precisión de sus pronósticos; en consecuencia, suelen ejecutar
operaciones en exceso y, por ende, lograr resultados acumulativos por debajo de la frontera
eficiente (4). La aversión a las pérdidas, entendida como la necesidad de preservar la riqueza
frente a la posibilidad de una pérdida que rivaliza con, o es menor que, una ganancia, tiende a
generar la retención de activos que no cumplen el criterio de rentabilidad, circunstancia que
pospone la aceptación del error (5). El sesgo de anclaje, por su parte, propicia que la decisión de
poner el precio de un activo en función del precio de compra original limite la recalibración
basada en nueva evidencia, lo que distorsiona la verdadera valoración (6). Importante es
advertir que estas irregularidades cognitivas no se restringen a mercados con mayor desarrollo;
análisis realizados en economías emergentes de Asia y Europa del Este reportaron resultados
equivalentes (7).
La exploración sistemática de las irregularidades de comportamiento ha sido hasta ahora el
ámbito preferente de los estudios desarrollados en los mercados de América del Norte y Europa.
Sin embargo, los mercados emergentes ofrecen un contexto aún más pertinente, dada su mayor
volatilidad, niveles de liquidez más reducidos y marcos normativos en fase de consolidación. En
el caso de América Latina, Brasil, Chile y México han comenzado a producir análisis en finanzas
conductuales, aunque la obra acumulada aún es limitada (8,9). En Ecuador, la investigación se
encuentra en un estadio aún más primario. La dolarización de la economía y las características
del mercado de valores doméstico configuran un laboratorio natural donde variables como la
aversión relativa al riesgo y la percepción de estabilidad coexisten y se entrelazan de modo
singular con los sesgos cognitivos (10). Captar estas interacciones resulta esencial, ya que
fundamenta la elaboración de programas de educación financiera adaptados a la cultura local y,
a la vez, promueve la cimentación de un mercado de capitales más sólido y eficiente.
Dentro del entorno latinoamericano, el estudio sistemático de las finanzas conductuales
permanece en un estado embrionario. Los mercados emergentes de esta geografía, definidos
por un volumen de negociación relativamente bajo y una estructura de propiedad dominada
por cetros reducidos, ofrecen características propias que probablemente amplifiquen o atenúen
la aparición de los sesgos cognitivos y afectivos documentados en la literatura convencional. En
jurisdicciones como Brasil y México, la literatura emergente indica que los hábitos de inversión
han sido moldeados por la intensa socialización financiera, la deficiente formación en conceptos
básicos de finanzas personales, y el papel prescriptivo de redes familiares o de conocidos,
situaciones que en conjunto propician la aparición de decisiones subóptimas en la asignación de
capital (11,12).
El mercado financiero ecuatoriano, aunque caracterizado por su limitada dimensión y su
régimen de dolarización, no escapa a las fuerzas de contagio y contagio emocional observables a
nivel global. Las elecciones de asignación de activos por parte de empresarios, fondos y
pequeños ahorrantes siguen, sin excepción, la trayectoria de la contagiosidad de la aversión al
riesgo, la sobre confianza y otros sesgos psicológicos. No obstante, el territorio académico
carece de investigación acerca de cómo estos factores inciden efectivamente sobre los
inversionistas ecuatorianos, siendo la base de datos de literatura indexada prácticamente nula
respecto al tema (13). La ausencia de este corpus de conocimiento no es solo un vacío; es, a la
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