EDUCACIÓN INCLUSIVA: DESAFÍOS Y AVANCES EN LA ATENCIÓN A LA DIVERSIDAD
avances conceptuales y en el ámbito de la norma, la aplicación de la educación inclusiva todavía
enfrenta importantes problemas en diferentes sistemas educativos en todo el mundo.
La naturaleza del problema de la investigación reside en la distancia que puede apreciarse entre
el nivel de los principios de la educación inclusiva y el ámbito de aplicación de la práctica
educativa. A pesar de que muchos países han avanzado en la adopción de políticas y normativas
que tratan de implementar la inclusión, en gran parte de los contextos prevalecen unas
prácticas pedagógicas tradicionales, que no dan cabida a la diversidad del alumnado, lo que
puede suponer la exclusión de los estudiantes en situación de necesitar una respuesta a sus
circunstancias educativas (2). Existen, y de manera especial en la práctica educativa, una serie
de obstáculos, tanto estructurales como curriculares y actitudinales, que conspiran contra la
inclusión escolar; entre ellos se puede mencionar, por ejemplo, la falta de formación docente
para la implementación de estrategias inclusivas, la escasez de recursos didácticos adaptados, la
rigidez curricular o la baja implicación de las familias y las comunidades en la práctica educativa.
El problema toma su mayor dimensión al aceptar que la educación inclusiva no se limita a
implicaciones pedagógicas, sino que también tiene implicaciones sociales, económicas y
culturales. La exclusión educativa ayuda a reproducir desigualdades sociales y limita las
oportunidades de desarrollo personal y profesional del individuo; por dignidad, una educación
inclusiva fomenta la justicia, potencia la cohesión social y resulta en el desarrollo sostenible (3).
Por lo tanto, garantizar la inclusión educativa no tiene sentido sin un compromiso multisectorial
de la educación (gobierno, instituciones educativas y formadoras, docentes y familias y la
sociedad en su conjunto).
Respecto a los antecedentes, el concepto de educación inclusiva ha sufrido una significativa
evolución desde finales del siglo XX. En un primer momento, la atención a la diversidad se
enfocaba desde un enfoque segregador, donde se creaban instituciones especiales para atender
al alumnado con discapacidad; poco a poco la atención a la diversidad se fue desplazando hacia
modelos de integración, en los que el alumnado con discapacidad era integrado en las escuelas
ordinarias, pero sin realizar los ajustes curriculares ni las adecuaciones de la práctica pedagógica
necesarias. Finalmente, es, de la mano de leyes y de declaraciones internacionales como la
Declaración de Salamanca (1994), cuando se aterriza el concepto de la educación inclusiva, que
entiende que hay que transformar los sistemas educativos para atender las necesidades de
todos los estudiantes (4).
Varios estudios han evidenciado avances significativos en la implementación de la educación
inclusiva: la puesta en marcha de políticas públicas más inclusivas, la inclusión de algunas
tecnologías de apoyo y la promoción de enfoques pedagógicos más centrados en los
estudiantes (5), (6). De la misma manera, la formación docente ha avanzado en aspectos de la
inclusión y en el tema de la diversidad, aunque de modo diferencial entre regiones. Sin embargo,
la literatura revisada también hace alusión a que estos avances no son suficientes para
garantizar la inclusión. Existen aún desafíos relacionados con la resistencia a realizar cambios en
la práctica educativa, la falta de recursos y la ausencia de una evaluación sistemática de las
políticas incluidas en la educación inclusiva.
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