IMPACTO DEL OCTANAJE DEL COMBUSTIBLE EN EL DESEMPEÑO, CONSUMO Y EMISIONES DEL MOTOR A MÁS DE 2500 MSNM
El consumo de combustible siguió un patrón que cambia según la condición de manejo, y vale la
pena detenerse en eso. En baja potencia, el de 92 octanos consumió un 12.3% más que el de 87
(p < 0.001) algo que coincide con estudios que advierten que pasarse de octanaje no siempre se
traduce en ahorro, y a veces incluso lo perjudica, cuando el motor no está calibrado para
aprovechar esa resistencia al knock (14), (15). En aceleración alta pasó justo lo contrario: ahí el
de 92 octanos redujo el consumo en un 17.8% (p = 0.013), lo que sugiere que su ventaja se
concentra en los momentos de mayor demanda instantánea de combustible, donde esa
resistencia al autoencendido sí permite una combustión más eficiente bajo carga. En
desaceleración no hubo ninguna diferencia (p = 0.985), y en potencia media, potencia alta y
aceleración baja tampoco resultaron significativas, aunque se mantuvo una tendencia leve hacia
mayor consumo con 92 octanos.
Este patrón mixto más consumo en baja potencia, menos en aceleración alta, sin diferencia en
desaceleración calza con la idea de que el motor MPI de aspiración natural usado aquí,
representativo del parque vehicular urbano ecuatoriano, no está calibrado específicamente para
sacarle provecho a la mayor resistencia al knock del combustible de 92 octanos en todo el rango
de operación, a diferencia de los motores turboalimentados con control electrónico avanzado,
donde sí se han reportado ahorros consistentes al subir el octanaje (5), (13). A 3000 msnm,
además, la menor densidad del aire y la consecuente caída en la eficiencia volumétrica podrían
estar amplificando esta heterogeneidad, ya que el motor opera en una zona donde la relación
aire-combustible y la dinámica de la combustión ya vienen alteradas de entrada por la altitud (2),
(3).
A diferencia de lo que pasa con el consumo y las emisiones, donde sí aparecen diferencias
puntuales significativas, el desempeño mecánico no mostró ninguna ventaja consistente de un
combustible sobre el otro: ni el torque promedio (58.9 Nm con 87 octanos frente a 57.2 Nm con
92) ni la potencia promedio (15.0 kW frente a 14.9 kW) llegaron a ser estadísticamente
significativos (p > 0.2 en ambos casos, con las dos pruebas). Esto contrasta con estudios que sí
reportan mejoras de potencia y torque al subir el octanaje en motores modernos de inyección
directa o turboalimentados (8), (13), y apunta a que en un motor MPI de aspiración natural como
el de este estudio, la mayor resistencia al knock del combustible de 92 octanos no se traduce
automáticamente en una ventaja mecánica medible al menos no bajo la altitud y el rango de
operación que cubre el ciclo IM240.
Si algo queda claro con todo esto es que no hay un octanaje "óptimo" único para regiones de gran
altitud: lo que manda es la condición de conducción específica, más que el tipo de combustible
visto de forma aislada. Para alguien que maneja en ciudades andinas como Riobamba, Quito o
Cuenca, donde predomina la baja potencia y la desaceleración frecuente, el de 87 octanos podría
resultar más económico sin perder desempeño; el de 92, en cambio, se nota más cuando hay
aceleración fuerte, donde su menor consumo y sus menores emisiones de CO se hacen evidentes.
Estos hallazgos, sumados a la correlación positiva y significativa que hay entre la potencia
instantánea del motor y las emisiones de CO (r = 0.42, p < 0.001), pueden servir de insumo para
políticas de combustibles y estrategias de gestión de emisiones en países de topografía
montañosa como Ecuador (14).
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