ISSN 2953-6367  
Julio - diciembre 2026  
Vol. 7 No. 20, PP. 703-722  
IMPACTO DEL OCTANAJE DEL COMBUSTIBLE EN EL  
DESEMPEÑO, CONSUMO Y EMISIONES DEL MOTOR A MÁS DE  
2500 MSNM  
IMPACT OF FUEL OCTANE ON ENGINE PERFORMANCE,  
CONSUMPTION, AND EMISSIONS ABOVE 2500 MASL  
Paúl Montúfar Paz1, Edison Patricio Abarca Pérez2, Iván Huacho Chávez3, Juan Carlos  
Quinchuela Paucar4  
{paul.montufar@espoch.edu.ec1, edison.abarca@espoch.edu.ec2, ivan.huacho@espoch.edu.ec3, juan.quinchuela@espoch.edu.ec4}  
Fecha de recepción: 15/06/2026  
/ Fecha de aceptación: 02/07/2026  
/ Fecha de publicación: 08/07/2026  
RESUMEN: La estabilidad de la combustión, el rendimiento del motor y el nivel de emisiones  
contaminantes dependen en buena medida del índice de octano de la gasolina que se use. En  
este trabajo se compara el efecto de dos octanajes comerciales (87 y 92) sobre el  
comportamiento de un motor de encendido por chispa que opera en condiciones de gran altitud  
(~3000 msnm), un escenario todavía poco estudiado donde la menor densidad del aire altera  
tanto la eficiencia volumétrica como la relación aire-combustible. Para eso se sometió un  
Hyundai Grand i10 de 1.2 L a pruebas en dinamómetro de chasis, recorriendo el ciclo IM240  
mientras se registraban el consumo de combustible y las emisiones de CO, HC y NO (en gramos  
totales por prueba). Con 92 octanos, las emisiones de CO bajaron en promedio un 28.4% (p <  
0.001); las de HC se redujeron un 11.1% (p = 0.017 con la prueba t, aunque no con Mann-  
Whitney) y las de NO subieron un 9.2% (sin significancia con la prueba t, pero sí con Mann-  
Whitney, p = 0.028). El consumo resultó mayor con 92 octanos en baja potencia (+12.3%, p <  
0.01), pero menor en aceleración alta (-17.8%, p = 0.013); en desaceleración y en los regímenes  
de potencia media/alta no hubo diferencias significativas entre combustibles (p > 0.05), y  
tampoco se encontraron diferencias en torque ni potencia (p > 0.2). En conjunto, los hallazgos  
confirman que la altitud condiciona de manera crítica el desempeño térmico y ambiental del  
motor, y que el efecto del octanaje sobre consumo y emisiones varía bastante según la  
condición de conducción, sin que se note una ventaja mecánica clara de un combustible sobre  
el otro.  
1Departamento de Investigación (IDI), Escuela Superior Politécnica de Chimborazo (ESPOCH), Riobamba, Ecuador. ORCID:  
2Departamento de Investigación (IDI), Escuela Superior Politécnica de Chimborazo (ESPOCH), Riobamba, Ecuador. ORCID:  
3Departamento de Ingeniería Química, Escuela Superior Politécnica de Chimborazo (ESPOCH), Riobamba, Ecuador. ORCID:  
4Departamento de Mecánica, Escuela Superior Politécnica de Chimborazo (ESPOCH), Riobamba, Ecuador. ORCID:  
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Revista Científica Multidisciplinaria InvestiGo  
Riobamba Ecuador  
Cel: +593 97 911 9620  
IMPACTO DEL OCTANAJE DEL COMBUSTIBLE EN EL DESEMPEÑO, CONSUMO Y EMISIONES DEL MOTOR A MÁS DE 2500 MSNM  
Palabras clave: Octanaje, consumo de combustible, emisiones vehiculares, motores de  
combustión interna, gran altitud, eficiencia energética  
ABSTRACT:Combustion stability, engine performance, and pollutant emissions all depend  
heavily on the octane rating of the gasoline being burned. Here we compare two commercial  
octane grades (87 and 92) in a spark-ignition engine operating at high altitude (~3000 masl)  
a condition still seldom studied, where reduced air density alters both volumetric efficiency and  
the airfuel ratio. A 1.2 L Hyundai Grand i10 was run on a chassis dynamometer through the  
IM240 driving cycle while fuel consumption and CO, HC, and NO emissions (expressed in total  
grams per test) were logged. Switching to 92-octane fuel cut average CO emissions by 28.4% (p  
< 0.001) and HC emissions by 11.1% (p = 0.017 by t-test; not significant by Mann-Whitney),  
while NO emissions rose by 9.2% (not significant by t-test; p = 0.028 by Mann-Whitney). Fuel  
consumption was significantly higher with 92-octane fuel at low power (+12.3%, p < 0.01), but  
significantly lower at high acceleration (-17.8%, p = 0.013); no significant differences were found  
during deceleration or at medium/high power (p > 0.05). No significant differences in torque or  
power were observed between octane grades (p > 0.2). Taken together, the results show that  
altitude critically shapes the thermal and environmental performance of the engine, and that  
the effect of octane on consumption and emissions is highly dependent on the driving  
condition, with no clear mechanical advantage of either fuel.  
Keywords: Octane rating, fuel consumption, vehicle emissions, internal combustion engines,  
high altitude, energy efficiency  
INTRODUCCIÓN  
El índice de octano es, junto con la relación de compresión, uno de los parámetros que más  
condiciona la eficiencia de un motor de encendido por chispa (MEC). Cuanto mayor es el octanaje  
de un combustible, mayor es también su resistencia al autoencendido (knock), lo que abre la  
puerta a adelantar el punto de encendido, trabajar con relaciones de compresión más altas y, en  
última instancia, mejorar la eficiencia térmica del motor. En los motores modernos de cilindrada  
reducida, turboalimentados y con inyección directa esta resistencia al knock no es un detalle  
menor: es parte central de cómo se optimizan hoy el consumo de combustible y las emisiones (1).  
El problema es que, por encima de los 2500 metros sobre el nivel del mar (msnm), la presión  
atmosférica cae lo suficiente como para reducir la densidad del aire en torno a un 25% respecto  
al nivel del mar, lo que termina alterando la mezcla aire-combustible, la estabilidad de la  
combustión y, con ello, el desempeño general del motor (2).  
CxHy + zO2 → xCO2 + (y/2)H2O  
(1)  
donde CxHy representa un hidrocarburo genérico, donde x es el número de átomos de carbono e  
y el número de átomos de hidrógeno; zO2 representa el oxígeno requerido para la combustión,  
siendo z el coeficiente estequiométrico; xCO2 es el dióxido de carbono producido a partir del  
carbono inicial; y (y/2) H2O es el agua formada en la reacción a partir del hidrógeno disponible.  
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Por encima de los 2000 msnm, distintos estudios reportan caídas de potencia de entre 10 y 15%  
en los motores, simplemente porque hay menos oxígeno disponible para la combustión (3). Esto  
no es un dato anecdótico para un país como Ecuador: ciudades tan pobladas como Quito (2850  
msnm) o Cuenca (2535 msnm) operan justamente en ese rango de altitud donde el desempeño  
del motor empieza a resentirse, lo que vuelve urgente entender cómo responde el octanaje del  
combustible en estas condiciones específicas.  
Que un mayor número de octano de investigación (RON) mejora la estabilidad de la combustión  
y reduce la tendencia al knock en motores MEC es algo ya bien establecido en la literatura (4).  
Ling et al., por ejemplo, mostraron que subir el RON de 91 a 98 en motores turboalimentados de  
inyección directa (GTDI) mejora la resistencia al autoencendido lo suficiente como para ganar  
hasta un 5% de eficiencia térmica y ahorrar cerca de un 3% de combustible en ciclos estándar (5).  
Leone et al. llegaron a una conclusión distinta pero complementaria: trabajando con el contenido  
de etanol de la gasolina, encontraron que cada 10% adicional de etanol eleva el RON efectivo en  
dos unidades, lo cual se traduce en una reducción de entre 8 y 12% en las emisiones de CO y de  
hidrocarburos no quemados (HC).  
El problema es que casi todo este cuerpo de evidencia proviene de pruebas a baja altitud o en  
condiciones controladas de laboratorio (6). Stradling et al., por mencionar un caso representativo,  
estudiaron cómo el octanaje afecta la potencia y el consumo en vehículos de pasajeros Euro 4,  
pero sin entrar nunca en el factor altitud (4). Otros trabajos sí han señalado un punto relevante  
para este estudio: bajo carga alta, los combustibles de mayor octanaje pueden disparar de forma  
transitoria las emisiones de óxidos de nitrógeno (NOₓ) hasta en un 15%, como consecuencia de  
su menor velocidad de combustión (7).  
Las tecnologías vehiculares más recientes no hacen sino subrayar la importancia de la calidad del  
octanaje. Zinser et al. encontraron que los sistemas de propulsión modernos HEV, GDIsacan  
más partido de los combustibles de alto RON, sobre todo en conducción urbana, porque sus  
sensores de knock y su gestión electrónica permiten estrategias de adelanto de encendido más  
agresivas sin comprometer ni el desempeño ni las emisiones (8), (9).  
En el plano metodológico, los sistemas portátiles de medición de emisiones (PEMS) se han vuelto  
la herramienta de referencia para captar datos reales en carretera; ahí, una sincronización precisa  
de las señales hace la diferencia entre factores de emisión confiables y datos ruidosos (10), (11).  
El ciclo IM240, por su parte, lleva años usándose para evaluar cómo las propiedades del  
combustible afectan el consumo y las emisiones reguladas con variaciones de hasta un 7% en CO₂  
documentadas según la formulación del combustible y la calibración del motor (12).  
Lo que falta y es precisamente el vacío que este trabajo intenta llenar es investigación que  
combine octanaje y gran altitud en un mismo experimento, usando ciclos de conducción que de  
verdad reflejen el tráfico urbano e interurbano de estas zonas. Las pruebas aquí presentadas se  
hicieron sobre un Hyundai Grand i10 de 1.2 L, en dinamómetro de chasis, evaluando potencia y  
torque al mismo tiempo que se cuantificaban las emisiones de CO, HC y NOₓ a lo largo del ciclo  
IM240 (13) un escenario que sigue prácticamente inexplorado en la literatura por encima de los  
2500 msnm. Más allá del interés académico, los resultados deberían servir para algo concreto:  
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IMPACTO DEL OCTANAJE DEL COMBUSTIBLE EN EL DESEMPEÑO, CONSUMO Y EMISIONES DEL MOTOR A MÁS DE 2500 MSNM  
ayudar a elegir mejor el combustible en zonas de altura, reducir el impacto ambiental y alimentar  
con evidencia empírica las políticas de combustibles y los marcos regulatorios de emisiones en  
países de topografía montañosa como Ecuador (14).  
Si hay algo que la literatura deja claro es que el octanaje no afecta el desempeño y las emisiones  
de forma lineal, sino que su efecto depende fuertemente del motor evaluado. En motores  
monocilíndricos, usar más octanaje del que el motor realmente necesita (RON 95 en lugar de RON  
90) tiende a bajar la potencia al freno, la eficiencia térmica y el consumo específico; a cambio se  
reducen NOx y CO, pero suben HC y CO2 (15). En motores de modo dual la historia es otra: lo que  
importa es la sensibilidad del combustible la diferencia entre RON y MON, que cambia el retraso  
de la ignición, con un rango óptimo de RON entre 87.5 y 92.5 para ciertas configuraciones de  
hardware (12), (16). Subir el octanaje junto con la relación de compresión reduce las emisiones  
de CO2 (7), y en vehículos de alto desempeño los combustibles de RON 95, 98 o 100 mejoran  
aceleración, potencia y consumo gracias al adelanto de encendido que permite el control  
electrónico (13). Pero en motores carburados ocurre casi lo contrario: pasar de RON 91 a RON 95  
puede empeorar el desempeño y subir las emisiones (14), (5). Incluso en combustión por  
compresión a alta carga, son los combustibles de menor octanaje los que rinden mejor, gracias a  
su mayor reactividad (17). En resumen: cada tecnología de motor "lee" el octanaje de manera  
distinta, y generalizar conclusiones de un tipo de motor a otro es, cuando menos, arriesgado.  
Con ese vacío como punto de partida, este estudio busca determinar qué efecto tiene el octanaje  
del combustible (87 frente a 92) sobre el desempeño mecánico, el consumo y las emisiones  
contaminantes (CO, HC y NOx) de un motor de encendido por chispa que trabaja por encima de  
los 2500 msnm, usando el ciclo IM240 como marco de prueba. La hipótesis de partida es que,  
dada la menor densidad del aire propia de la altitud, el combustible de 92 octanos debería  
favorecer una combustión más completa y un mejor aprovechamiento energético reflejado, en  
principio, en menores emisiones de CO y en algún margen de mejora en torque o potencia,  
aunque posiblemente a costa de incrementos puntuales en HC y NOx bajo carga alta, por las  
mayores temperaturas que trae consigo una mayor resistencia al autoencendido.  
MATERIALES Y MÉTODOS  
Para entender cómo el octanaje del combustible afecta el desempeño del motor, el consumo y  
las emisiones, se diseñó una serie de pruebas experimentales controladas comparando dos  
gasolinas de venta comercial en Ecuador Extra (87 octanos) y Súper (92 octanos), cuyas  
propiedades químicas y físicas aparecen detalladas en la Tabla 1. El vehículo de prueba fue un  
Hyundai Grand i10 con motor G4LIII de 1.2 litros, elegido por ser de uso urbano frecuente y  
compatible con ambos combustibles. La potencia y el torque se midieron con un dinamómetro  
Bapro BPA-2R-HP, mientras que el ciclo de conducción IM240 permitió evaluar consumo y  
emisiones contaminantes bajo condiciones representativas de tráfico real. Como los datos  
provenían de varios instrumentos a la vez, su sincronización temporal se resolvió con un algoritmo  
en Python diseñado específicamente para mantener la consistencia entre todas las variables  
registradas (18).  
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2.1. Combustibles  
Las dos gasolinas comparadas en este estudio Extra (87 octanos) y Súper (92 octanos) se venden  
comercialmente en Ecuador, y sus propiedades químicas y físicas se resumen en la Tabla 1. La  
diferencia que más importa entre ellas es, justamente, el octanaje: de él depende buena parte de  
la eficiencia de la combustión, el desempeño del motor y las emisiones resultantes. La Extra está  
pensada para motores de baja compresión; la Súper, en cambio, se formula para sacarle partido  
a motores de alta compresión, con mejor desempeño y eficiencia como resultado (2).  
La gasolina Súper, además, lleva una mayor proporción de compuestos aromáticos y puede  
contener hasta 10% de etanol, ambos factores que suman resistencia al knock. Las diferencias en  
volatilidad, poder calorífico y composición química terminan pesando bastante en el consumo y  
en el perfil de emisiones, más todavía en entornos de gran altitud como la sierra ecuatoriana (19).  
La gasolina Extra, al ser más volátil, se evapora con más facilidad lo que ayuda en el arranque en  
frío y en la mezcla aire-combustible a bajas temperaturas, pero esa misma volatilidad puede  
generar bloqueo de vapor y perder eficiencia cuando hace calor. La Súper, con menor volatilidad,  
ofrece una combustión más consistente en motores de alta compresión y menos emisiones  
evaporativas, lo que se traduce en mejor eficiencia térmica y menos HC. El poder calorífico, por  
su parte, determina cuánta energía se obtiene por cada unidad de combustible, mientras que la  
composición química en particular los aromáticos influye en qué tan rápido se propaga la llama y  
cómo evoluciona la combustión. Entre todos estos factores se termina definiendo cuán bien  
convierte el motor el combustible en trabajo útil (20).  
Tabla 1. Propiedades físicas de los combustibles.  
Propiedad  
Densidad a 15°C (g/cm³)  
PCI (MJ/kg)  
PCS (MJ/kg)  
Azufre (%)  
Extra (87 octanos)  
0.72 - 0.74  
44.5 - 46.5  
47.5 - 49.5  
< 0.05  
Súper (92 octanos)  
0.73 - 0.76  
44.0 - 46.0  
47.0 - 49.0  
< 0.05  
Temp. de evaporación (°C)  
Presión de vapor (kPa)  
Relación de compresión  
30 - 90  
55 - 65  
~8:1  
30 - 95  
55 - 70  
~10:1  
2.2. Vehículo de prueba  
Se trabajó con un Hyundai Grand i10 equipado con motor G4LIII de 1.2 litros, cuatro cilindros en  
línea, inyección multipunto (MPI) y doble árbol de levas en cabeza (DOHC). La elección no fue  
casual: es un modelo común en las calles ecuatorianas y compatible con ambos octanajes, lo que  
hace posible comparar de forma realista cómo cambian la potencia, el consumo y las emisiones  
según el combustible utilizado (21).  
Con una relación de compresión cercana a 10.5:1, el motor puede operar sin problema con  
cualquiera de los dos combustibles, lo cual resulta clave para analizar cómo el octanaje afecta la  
eficiencia térmica, la resistencia al knock y la formación de contaminantes. No es un vehículo  
cualquiera dentro del parque automotor ecuatoriano: solo en el primer trimestre de 2023 se  
vendieron 234 unidades del Grand i10, una de las cifras más altas del segmento urbano, lo que lo  
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convierte en un caso bastante representativo para este tipo de estudio. Las especificaciones  
técnicas completas están en la Tabla 2.  
Tabla 2. Especificaciones del vehículo de prueba.  
Especificación  
Cilindrada del motor (cc)  
Hyundai Grand i10  
1,197  
Potencia (HP @ rpm)  
Torque (Nm @ rpm)  
Tipo de combustible  
Transmisión  
83 @ 6,000  
114 @ 4,000  
Gasolina  
Manual de 5 velocidades  
Delantera (FWD)  
~5.9 L/100 km (ciclo combinado)  
~10.5:1  
Tracción  
Consumo de combustible  
Relación de compresión  
Dimensiones L×An×Al (mm)  
Distancia entre ejes (mm)  
Neumáticos  
3,815 × 1,680 × 1,510  
2,450  
175/65 R14  
Vale la pena explicar por qué se decidió probar gasolina Extra (87 octanos) en un motor con  
relación de compresión nominal de 10.5:1, pensado por el fabricante para combustible de mayor  
octanaje. En teoría, esa combinación favorece la aparición de autoencendido (knock), lo que  
activa el sensor de golpeteo y lleva a la unidad de control electrónico (ECU) a retrasar de forma  
adaptativa el punto de encendido para proteger el motor (3), (9). Pero esa condición es  
justamente la que interesa evaluar aquí: en Ecuador no es raro que vehículos con relaciones de  
compresión moderadas a altas pensados para 92 octanos terminen abastecidos con gasolina Extra  
por razones de costo, sobre todo en ciudades de altura como Riobamba, donde la menor densidad  
del aire reduce aún más la presión efectiva en cámara y, con ello, la propensión al knock respecto  
al nivel del mar (2). Poner a prueba ese escenario motor de alta compresión funcionando con  
combustible de menor octanaje, en altitud permite ver con datos reales si el retraso adaptativo  
de la ECU termina compensando, atenuando o incluso agravando las diferencias de desempeño  
y emisiones frente al combustible recomendado, en lugar de quedarse solo con lo que dice la  
teoría.  
2.3. Dinamómetro de chasis  
El desempeño del motor se midió en un dinamómetro de chasis Bapro BPA-2R-HP, pensado  
justamente para capturar torque, potencia y consumo de combustible en vehículos ligeros de  
forma confiable y repetible. Su sistema de rodillos de alta precisión, combinado con ventilación  
controlada, simula condiciones reales de conducción sin perder el control sobre el enfriamiento  
ni introducir variabilidad externa en los resultados (22). Además, integra sensores de RPM, un  
analizador de gases y conectividad OBD-II, lo que permite seguir tanto la respuesta del motor  
como sus emisiones al mismo tiempo (23). Sus especificaciones completas están en la Tabla 3.  
Tabla 3. Especificaciones del dinamómetro Bapro BPA-2R-HP.  
Especificación  
Potencia máxima absorbida  
Potencia máxima medible  
Bapro BPA-2R-HP  
650 HP  
1000 HP  
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Fuerza de tracción máxima  
Diámetro / ancho de rodillo  
Peso máximo del vehículo  
Sensores de medición  
8000 N  
400 mm / 700 mm  
2500 kg  
RPM, temp. motor, opacímetro, analizador de  
gases, OBD-II  
Certificación  
OIML R99 - ISO 3930, Clase 1 y 0  
Precisión de medición  
±1.0% para torque y potencia  
2.4. Ciclo de conducción de prueba  
El ciclo IM240 se eligió porque es metodología de referencia en los protocolos de certificación de  
emisiones tanto en Estados Unidos como en la Unión Europea, y porque reproduce bien las  
condiciones de conducción urbana y suburbana en las que normalmente circula un vehículo como  
el Hyundai Grand i10. A diferencia de los procedimientos estáticos, el IM240 recorre fases de  
aceleración, desaceleración, velocidad constante y ralentí, lo que captura esos efectos  
transitorios que tanto influyen en el desempeño energético y en la formación de contaminantes  
justo lo que ocurre cuando el motor enfrenta cambios abruptos de carga en el tráfico urbano (24).  
Su velocidad máxima moderada y su período de ralentí prolongado lo hacen además sensible a  
diferencias de combustión entre octanajes, sobre todo en la generación de CO, HC y NOₓ (Tabla  
4). Y al ser un ciclo de uso internacional, garantiza que los resultados sean comparables con otros  
estudios, además de representar fielmente los patrones de conducción de ciudades como  
Riobamba, donde se realizaron las pruebas a 3000 msnm.  
Tabla 4. Especificaciones técnicas del ciclo de conducción IM240.  
Especificación  
Valor / Descripción  
240 segundos  
Duración total  
Distancia total  
Velocidad máxima  
3.1 millas (~5 km)  
91.3 km/h  
Velocidad promedio  
47.8 km/h  
Número de fases  
Aceleración / desaceleración máxima  
2 (aceleración inicial y conducción estable)  
3.3 / -3.2 m/s²  
Tiempo en ralentí  
90 segundos  
Velocidad constante  
Condiciones simuladas  
43.5% del ciclo  
Conducción urbana y suburbana  
2.5. Protocolo experimental y sistema de medición  
Cada combustible se probó cinco veces, una cifra pensada para reducir el error aleatorio y poder  
estimar con precisión el error estándar de la media (SEM = σ/√n) con un 95% de confianza en las  
comparaciones. Las pruebas se hicieron a 3000 msnm, en condiciones ambientales estables (15-  
20 °C); cada ciclo comenzó con cinco minutos de ralentí para estabilizar térmicamente el motor  
antes de correr el IM240 completo (25). Todo el sistema de adquisición trabajó sincronizado a 1  
Hz: el dinamómetro Bapro BPA-2R-HP aportó las lecturas continuas de torque y potencia (26); el  
analizador BrainBee AGS-688 midió las emisiones del escape mediante el principio NDIR para CO  
y HC y sensores electroquímicos para NOx, con ±1% de precisión y certificación OIML R99 Clase  
1; y el consumo de combustible se obtuvo con una probeta graduada de vidrio borosilicato Clase  
A de 500 ml (resolución de 1 ml, error de ±0.5 ml), calculando la masa a partir de la densidad  
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específica reportada por el distribuidor. En paralelo, un adaptador OBD-II ELM327 conectado a la  
aplicación OBD Fusion registró velocidad, carga del motor, temperatura del refrigerante, posición  
del acelerador y RPM también a 1 Hz, con exportación directa a .csv y visualización en tiempo  
real. Esta integración de instrumentos fue justamente lo que permitió mantener la coherencia de  
los datos y respaldar la validez interna de los resultados (27).  
2.6. Incertidumbre de medición y método gravimétrico indirecto  
Para llegar a la masa de combustible consumida en cada ciclo se usó un método gravimétrico  
indirecto: el volumen leído en la probeta graduada (m = V·ρ) se multiplica por la densidad  
específica del combustible a 15 °C, tomada de la Tabla 1. La incertidumbre combinada de ese  
cálculo se obtuvo propagando, según la ley de propagación de incertidumbres (GUM), la  
incertidumbre estándar del volumen (resolución de 1 ml, distribución rectangular, u(V) = 0.5/√3  
≈ 0.29 ml sobre una lectura típica de 500 ml) junto con la del valor de densidad, estimada a partir  
del rango que reporta el distribuidor para cada combustible (u(ρ) = (ρ_max − ρ_min)/(2√3)). Con  
eso se llega a una incertidumbre relativa combinada de alrededor de 0.79% para la gasolina de  
87 octanos y 1.16% para la de 92, lo que equivale a una incertidumbre expandida (k = 2, ~95% de  
confianza) de ±1.59% y ±2.33%, respectivamente. Para CO, HC y NOx la incertidumbre expandida  
se tomó directamente de la hoja de especificaciones del analizador BrainBee AGS-688 (±1%,  
certificación OIML R99 Clase 1), y para torque y potencia se usó la precisión declarada del  
dinamómetro Bapro BPA-2R-HP (±1.0%, Tabla 3). Estos márgenes de error son lo bastante  
pequeños frente a las diferencias estadísticamente significativas reportadas en Resultados como  
para descartar que esas diferencias sean producto del error instrumental.  
2.7. Filtrado, sincronización y tratamiento estadístico de los datos  
Trabajar con varios sistemas de medición al mismo tiempo obliga a resolver bien la sincronización  
temporal entre variables; de eso depende, en buena parte, que los datos tengan sentido. Las  
lecturas del dinamómetro, del analizador BrainBee, del módulo OBD-II y las anotaciones manuales  
del volumen de combustible se unificaron en un solo conjunto de datos siguiendo el proceso de  
filtrado, alineación y análisis estadístico detallado en la Tabla 5. Primero se aplicó un filtro de  
media móvil de tres puntos para suavizar el ruido de alta frecuencia; luego, el método de Tukey  
(Q1 − 1.5·RIC y Q3 + 1.5·RIC) permitió detectar y eliminar valores atípicos, sobre todo en las  
concentraciones de emisiones y en las señales de velocidad del motor, donde aparecían  
anomalías ocasionales (Figura 1). La sincronización entre fuentes no se basó únicamente en  
marcas de tiempo: se recurrió también a un análisis de correlación cruzada entre señales por  
ejemplo, CO frente a carga del motor, o NOx frente a RPM, usando el coeficiente de correlación  
de Pearson sobre ventanas móviles (1) para encontrar los desfases óptimos y alinear todo a una  
frecuencia común de 1 Hz (28). La velocidad del vehículo se tomó como referencia principal por  
estar disponible en varias fuentes a la vez y por su fuerte correlación con el comportamiento  
transitorio de las emisiones (29).  
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Figura 1. Diagrama de flujo de la metodología para el análisis del impacto del octanaje, con correlación de datos  
y bucle de retroalimentación.  
Con el conjunto de datos ya sincronizado, las observaciones se agruparon por combustible y  
repetición experimental, calculando para cada variable clave potencia, torque, emisiones,  
velocidad y consumo sus estadísticas descriptivas: media, desviación estándar, rango  
intercuartílico y coeficiente de variación. La normalidad se verificó con la prueba de Shapiro-Wilk;  
cuando se cumplía, se aplicó un ANOVA de un factor al 5% de significancia, y cuando no, se  
recurrió a la prueba U de Mann-Whitney como alternativa no paramétrica.  
Tabla 5. Fuentes de datos y parámetros registrados.  
Fuente de datos  
Dinamómetro Bapro BPA-2R-HP  
Variables principales  
Torque, potencia, velocidad del  
vehículo  
Frecuencia  
1 Hz  
Analizador BrainBee AGS-688  
OBD-II (OBD Fusion + ELM327)  
CO, HC, NOx  
RPM, velocidad, carga del motor, temp.  
refrigerante  
1 Hz  
1 Hz  
Probeta graduada (manual)  
Volumen de combustible consumido  
1 lectura/ciclo  
por ciclo  
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Gracias a esta combinación de sincronización cuidadosa y depuración rigurosa, fue posible  
integrar de forma coherente señales provenientes de múltiples fuentes, reduciendo errores  
sistemáticos y dándole más solidez estadística a la comparación entre combustibles.  
RESULTADOS  
La Figura 2 muestra una distribución de probabilidad velocidad-aceleración (SAPD) que resume  
con qué frecuencia se dio cada combinación de velocidad y aceleración a lo largo del ciclo IM240,  
dando así una idea global de las condiciones de operación durante las pruebas (30).  
Figura 2. Distribución porcentual de frecuencia de operación del vehículo en función de la velocidad (m/s) y la  
aceleración (m/s²) durante el ciclo IM240.  
La velocidad del vehículo se movió entre 0 y 30 m/s aproximadamente, y la mayoría de los puntos  
se concentró entre 10 y 20 m/s, algo típico del manejo urbano y suburbano. La aceleración osciló  
entre -3.5 y 3.5 m/s², con un predominio claro cerca de 0 m/s², así que casi todo el tiempo el  
vehículo iba a velocidad estable o con cambios suaves de aceleración y desaceleración (31). La  
combinación más frecuente de velocidad-aceleración llegó a ocupar cerca del 13% del tiempo  
total del ciclo, concentrada en velocidades medias (10-20 m/s) con aceleración prácticamente  
nula es decir, la mayor parte del recorrido se dio en crucero o con variaciones suaves de velocidad  
(32). Todo esto confirma que el vehículo pasó por un rango amplio de condiciones reales de  
conducción, lo cual le da solidez al diseño experimental a la hora de analizar cómo afecta el  
octanaje al consumo y a las emisiones bajo distintas cargas.  
Sobre las emisiones contaminantes, medidas en gramos totales por prueba (sin normalizar por  
distancia): la prueba t aplicada al monóxido de carbono (CO) arrojó una diferencia muy  
significativa entre octanajes (p < 0.001), con menores emisiones promedio para el combustible  
de 92 octanos (0.036 g frente a 0.051 g con 87 octanos, una reducción del 28.4%), algo que  
confirmó también la prueba U de Mann-Whitney (p < 0.001). En hidrocarburos (HC) pasó algo  
parecido el de 92 octanos volvió a salir más bajo (0.000172 g frente a 0.000194 g, -11.1%),  
712  
IMPACTO DEL OCTANAJE DEL COMBUSTIBLE EN EL DESEMPEÑO, CONSUMO Y EMISIONES DEL MOTOR A MÁS DE 2500 MSNM  
aunque aquí la significancia solo se sostuvo con la prueba t (p = 0.017) y no con Mann-Whitney  
(p = 0.780), por lo que la tendencia es real pero más débil. Con los óxidos de nitrógeno (NO) el  
patrón se invierte: las emisiones promedio fueron mayores con 92 octanos (0.000521 g frente a  
0.000477 g, +9.2%), sin significancia en la prueba t (p = 0.279) pero sí con Mann-Whitney (p =  
0.028), lo que apunta a un efecto presente, aunque moderado.  
Tabla 6. Estadística inferencial de las emisiones contaminantes (g).  
Condición  
n87  
n92  
Media 87  
Media 92  
df  
t (p)  
U (p)  
d
IC95% dif.  
257294  
(0.000)  
233886  
(0.780)  
220598  
(0.028)  
CO (g)  
658  
683  
0.0509  
0.0364  
1225 5.08 (0.000)  
1244 2.39 (0.017)  
1282 -1.08 (0.279)  
0.28  
(-0.02, -0.00886)  
HC (g)  
NO (g)  
678  
631  
696  
653  
1.94e-04  
4.77e-04  
1.72e-04  
5.21e-04  
0.13  
(-3.93e-05, -3.90e-06)  
(-3.57e-05, 1.24e-04)  
-0.06  
El consumo de combustible se evaluó por condición de operación con una prueba t para muestras  
independientes y con la U de Mann-Whitney. En baja potencia (0-16.6 kW), el de 92 octanos  
consumió notablemente más 10.10 l/100km frente a 8.99 l/100km con 87 octanos (+12.3%), con  
p < 0.001 (t) y p = 0.001 (Mann-Whitney). En aceleración alta el resultado se invierte: ahí el de 92  
octanos consumió significativamente menos (31.12 frente a 37.88 l/100km, -17.8%), también con  
buen respaldo estadístico (p = 0.013 t, p = 0.003 Mann-Whitney). En desaceleración, en cambio,  
los dos combustibles dieron prácticamente el mismo resultado (7.88 l/100km, p = 0.985), y ni en  
potencia media, ni en potencia alta, ni en aceleración baja las diferencias llegaron a ser  
significativas (p > 0.05 en todos los casos), aunque se nota una tendencia leve hacia mayor  
consumo con 92 octanos. La Figura 3 resume todo esto en un diagrama de cajas.  
Tabla 7. Estadística inferencial del consumo de combustible (L/100km) por condición de conducción.  
Media  
87  
Media  
92  
Condición  
Potencia baja  
Potencia media  
Potencia alta  
Desaceleración  
Acel. baja  
n87  
409  
189  
54  
n92  
399  
182  
49  
df  
t (p)  
U (p)  
d
IC95% dif.  
(0.552, 1.65)  
(-0.014, 1.85)  
(-0.161, 3.1)  
(-0.53, 0.52)  
(-0.499, 0.571)  
(-11.9, -1.59)  
-3.93  
(0.000)  
-1.93  
(0.054)  
-1.77  
(0.081)  
70919  
(0.001)  
15931  
(0.220)  
1072  
(0.098)  
-
8.99  
13.1  
18.2  
7.88  
13.9  
37.9  
10.1  
14  
799  
345  
86  
0.28  
-
0.20  
-
19.7  
7.88  
13.9  
31.1  
0.35  
0.02  
(0.985)  
-0.13  
(0.894)  
2.56  
(0.013)  
34813  
(0.771)  
62855  
(0.882)  
516  
(0.003)  
276  
346  
29  
256  
361  
24  
522  
705  
51  
0.00  
-
0.01  
Acel. alta  
0.69  
713  
IMPACTO DEL OCTANAJE DEL COMBUSTIBLE EN EL DESEMPEÑO, CONSUMO Y EMISIONES DEL MOTOR A MÁS DE 2500 MSNM  
Figura 3. Consumo de combustible según el nivel de octanaje y la condición de conducción.  
Para mirar más de cerca la variabilidad de los datos se construyó un perfil temporal suavizado  
(media móvil de tres puntos) sobre una prueba representativa de cada octanaje. En la Figura 4 se  
ve que ambos combustibles siguen de cerca el perfil de velocidad del ciclo IM240, con picos de  
consumo que coinciden en los tramos de aceleración fuerte; no hay una ventaja sistemática de  
uno sobre el otro a lo largo del tiempo, lo cual encaja con la falta de diferencias significativas en  
varias de las condiciones de conducción analizadas.  
Figura 4. Consumo de combustible suavizado (L/100 km) en función del tiempo para gasolina de 87 y 92 octanos  
durante el ciclo IM240.  
714  
IMPACTO DEL OCTANAJE DEL COMBUSTIBLE EN EL DESEMPEÑO, CONSUMO Y EMISIONES DEL MOTOR A MÁS DE 2500 MSNM  
Con 92 octanos la mediana de CO baja y la dispersión de los datos también se reduce un poco,  
como se ve en la Figura 5.  
Figura 5. Diagrama de caja de las emisiones de CO (g) para gasolina de 87 y 92 octanos.  
En el caso del HC ocurre algo similar al CO: la Figura 6 muestra una mediana y una dispersión  
levemente menores con el combustible de 92 octanos, aunque la diferencia es estadísticamente  
más débil que en el CO.  
Figura 6. Diagrama de caja de las emisiones de HC (g) para gasolina de 87 y 92 octanos.  
715  
IMPACTO DEL OCTANAJE DEL COMBUSTIBLE EN EL DESEMPEÑO, CONSUMO Y EMISIONES DEL MOTOR A MÁS DE 2500 MSNM  
Con el NO ocurre lo opuesto: la Figura 7 muestra una mediana ligeramente mayor con el  
combustible de 92 octanos, aunque con bastante dispersión y solapamiento entre ambos grupos.  
Figura 7. Diagrama de caja de las emisiones de NO (g) para gasolina de 87 y 92 octanos.  
La Figura 8 entra en el detalle dinámico de las emisiones a lo largo del ciclo IM240, en gramos  
instantáneos (no por distancia). Ahí se ven picos de CO bastante más marcados con 87 octanos,  
sobre todo entre los 170 y 230 segundos del ciclo, justo en los tramos de aceleración fuerte; los  
perfiles de HC y NO, en cambio, se mantienen relativamente bajos y parecidos entre ambos  
combustibles, y los picos puntuales de NO no muestran un patrón claro a favor de uno u otro  
octanaje.  
Figura 8. Perfiles de emisión de CO, HC y NO (g) en función del tiempo durante el ciclo IM240, para los combustibles  
de 87 y 92 octanos.  
716  
IMPACTO DEL OCTANAJE DEL COMBUSTIBLE EN EL DESEMPEÑO, CONSUMO Y EMISIONES DEL MOTOR A MÁS DE 2500 MSNM  
La Figura 9 resume el panorama general: con el combustible de mayor octanaje, el CO baja de  
forma considerable y el HC muestra una reducción más modesta, mientras que el NO presenta un  
ligero incremento, aunque de menor magnitud que las reducciones observadas en CO y HC.  
Figura 9. Comparación de las emisiones promedio de CO, HC y NO (g) entre gasolina de 87 y 92 octanos.  
El torque y la potencia, vistos en función de las RPM, se comportaron de manera mucho más  
irregular que el consumo y las emisiones: las curvas se cruzan una y otra vez entre los 600 y los  
4000 rpm (Figura 10). En promedio, el torque fue de 58.9 Nm con 87 octanos frente a 57.2 Nm  
con 92, y la potencia de 15.0 kW frente a 14.9 kW; ninguna de esas dos diferencias resultó  
significativa (torque: p = 0.221 t-test, p = 0.485 Mann-Whitney; potencia: p = 0.826 t-test, p =  
0.985 Mann-Whitney). Dicho de otro modo, a diferencia de lo que pasó con el consumo y las  
emisiones, aquí el octanaje no dejó una huella sistemática sobre el desempeño mecánico del  
motor, al menos en las condiciones de este ensayo.  
717  
IMPACTO DEL OCTANAJE DEL COMBUSTIBLE EN EL DESEMPEÑO, CONSUMO Y EMISIONES DEL MOTOR A MÁS DE 2500 MSNM  
Figura 10. Torque (Nm) y potencia (hp) del motor en función de la velocidad de giro (RPM) para los combustibles  
de 87 y 92 octanos.  
DISCUSIÓN  
Estos resultados confirman, primero que nada, que subir el octanaje ayuda a una combustión más  
completa de CO: con 92 octanos las emisiones de este contaminante bajan un 28.4% (p < 0.001  
en ambas pruebas estadísticas). El HC siguió una tendencia parecida, aunque más débil (-11.1%,  
significativa solo con la prueba t), mientras que el NO se comportó distinto: subió un 9.2% con 92  
octanos, y aquí solo la prueba no paramétrica de Mann-Whitney respaldó la diferencia (p = 0.028).  
Este patrón CO y HC más bajos, NO un poco más alto concuerda en parte con los principios  
termodinámicos que vinculan mayores temperaturas y presiones de combustión, favorecidas por  
la resistencia al knock, con la formación de NOx (7). Pero que HC y NO no tengan respaldo robusto  
en las dos pruebas a la vez sugiere que, en este ensayo, el octanaje pesa menos y de forma más  
variable sobre estos dos contaminantes que sobre el CO.  
Que el HC baje con 92 octanos llama la atención, porque su mayor contenido de aromáticos  
pesados haría pensar lo contrario. La explicación probable está en el balance entre dos efectos  
que tiran en direcciones opuestas: por un lado, esos aromáticos tienen una cinética de  
evaporación más lenta, lo que tendería a dejar más HC sin quemar (19), (20); por otro, la mayor  
resistencia al knock del combustible de 92 octanos permite una combustión en general más  
estable y completa, y en este motor de aspiración natural parece que este segundo efecto termina  
ganando. Con el NO la historia es distinta: su comportamiento sí cuadra con un ligero aumento  
de la temperatura de combustión asociado a una mezcla más resistente al autoencendido,  
aunque la significancia estadística limitada sugiere que aquí el efecto es más chico que el que  
reporta parte de la literatura en motores de mayor cilindrada o relación de compresión (7).  
718  
IMPACTO DEL OCTANAJE DEL COMBUSTIBLE EN EL DESEMPEÑO, CONSUMO Y EMISIONES DEL MOTOR A MÁS DE 2500 MSNM  
El consumo de combustible siguió un patrón que cambia según la condición de manejo, y vale la  
pena detenerse en eso. En baja potencia, el de 92 octanos consumió un 12.3% más que el de 87  
(p < 0.001) algo que coincide con estudios que advierten que pasarse de octanaje no siempre se  
traduce en ahorro, y a veces incluso lo perjudica, cuando el motor no está calibrado para  
aprovechar esa resistencia al knock (14), (15). En aceleración alta pasó justo lo contrario: ahí el  
de 92 octanos redujo el consumo en un 17.8% (p = 0.013), lo que sugiere que su ventaja se  
concentra en los momentos de mayor demanda instantánea de combustible, donde esa  
resistencia al autoencendido sí permite una combustión más eficiente bajo carga. En  
desaceleración no hubo ninguna diferencia (p = 0.985), y en potencia media, potencia alta y  
aceleración baja tampoco resultaron significativas, aunque se mantuvo una tendencia leve hacia  
mayor consumo con 92 octanos.  
Este patrón mixto más consumo en baja potencia, menos en aceleración alta, sin diferencia en  
desaceleración calza con la idea de que el motor MPI de aspiración natural usado aquí,  
representativo del parque vehicular urbano ecuatoriano, no está calibrado específicamente para  
sacarle provecho a la mayor resistencia al knock del combustible de 92 octanos en todo el rango  
de operación, a diferencia de los motores turboalimentados con control electrónico avanzado,  
donde sí se han reportado ahorros consistentes al subir el octanaje (5), (13). A 3000 msnm,  
además, la menor densidad del aire y la consecuente caída en la eficiencia volumétrica podrían  
estar amplificando esta heterogeneidad, ya que el motor opera en una zona donde la relación  
aire-combustible y la dinámica de la combustión ya vienen alteradas de entrada por la altitud (2),  
(3).  
A diferencia de lo que pasa con el consumo y las emisiones, donde sí aparecen diferencias  
puntuales significativas, el desempeño mecánico no mostró ninguna ventaja consistente de un  
combustible sobre el otro: ni el torque promedio (58.9 Nm con 87 octanos frente a 57.2 Nm con  
92) ni la potencia promedio (15.0 kW frente a 14.9 kW) llegaron a ser estadísticamente  
significativos (p > 0.2 en ambos casos, con las dos pruebas). Esto contrasta con estudios que sí  
reportan mejoras de potencia y torque al subir el octanaje en motores modernos de inyección  
directa o turboalimentados (8), (13), y apunta a que en un motor MPI de aspiración natural como  
el de este estudio, la mayor resistencia al knock del combustible de 92 octanos no se traduce  
automáticamente en una ventaja mecánica medible al menos no bajo la altitud y el rango de  
operación que cubre el ciclo IM240.  
Si algo queda claro con todo esto es que no hay un octanaje "óptimo" único para regiones de gran  
altitud: lo que manda es la condición de conducción específica, más que el tipo de combustible  
visto de forma aislada. Para alguien que maneja en ciudades andinas como Riobamba, Quito o  
Cuenca, donde predomina la baja potencia y la desaceleración frecuente, el de 87 octanos podría  
resultar más económico sin perder desempeño; el de 92, en cambio, se nota más cuando hay  
aceleración fuerte, donde su menor consumo y sus menores emisiones de CO se hacen evidentes.  
Estos hallazgos, sumados a la correlación positiva y significativa que hay entre la potencia  
instantánea del motor y las emisiones de CO (r = 0.42, p < 0.001), pueden servir de insumo para  
políticas de combustibles y estrategias de gestión de emisiones en países de topografía  
montañosa como Ecuador (14).  
719  
IMPACTO DEL OCTANAJE DEL COMBUSTIBLE EN EL DESEMPEÑO, CONSUMO Y EMISIONES DEL MOTOR A MÁS DE 2500 MSNM  
CONCLUSIONES  
Este trabajo deja claro que el octanaje del combustible sí influye, de forma medible, en el  
consumo y en las emisiones contaminantes pero de manera específica según la condición de  
conducción, sin que eso se traduzca en una ventaja mecánica generalizada en torque o potencia.  
Las pruebas se hicieron en Riobamba, a unos 3000 metros sobre el nivel del mar, así que ya  
incorporan las condiciones reales de gran altitud que afectan la dinámica de la combustión, y eso  
es justamente lo que le da relevancia a estos resultados para las regiones andinas.  
Con gasolina de 92 octanos, las emisiones de monóxido de carbono (CO) bajaron en promedio un  
28.4% respecto al combustible de 87 octanos (p < 0.001) señal de una combustión más completa.  
Las de hidrocarburos no quemados (HC) también bajaron, aunque menos (-11.1%) y con un  
respaldo estadístico más débil, mientras que los óxidos de nitrógeno (NO) subieron de forma  
moderada (+9.2%), algo que solo se sostuvo con la prueba no paramétrica de Mann-Whitney. En  
conjunto, el balance de emisiones terminó favoreciendo, aunque sea levemente, al combustible  
de 92 octanos.  
El consumo de combustible se comportó de forma distinta según la condición de manejo: subió  
de forma significativa con 92 octanos en baja potencia (+12.3%, p < 0.001), pero bajó, también de  
forma significativa, en aceleración alta (-17.8%, p = 0.013); en desaceleración no hubo ninguna  
diferencia (p = 0.985), y en potencia media, potencia alta y aceleración baja tampoco se encontró  
nada estadísticamente significativo. Esto deja ver que la ventaja de uno u otro combustible en  
consumo depende mucho del tipo de exigencia que enfrenta el motor en cada momento, y que  
no tiene sentido generalizar a partir de una sola condición de manejo.  
En cuanto al desempeño mecánico, no se encontraron diferencias estadísticamente significativas  
ni en torque ni en potencia entre los dos octanajes (p > 0.2 en ambos casos), lo que sugiere que,  
en este motor de aspiración natural y bajo las condiciones de altitud evaluadas, el octanaje del  
combustible no se tradujo en una ventaja mecánica que se pueda medir.  
El estudio se limitó a un solo vehículo (Hyundai Grand i10, motor de 1.2 L), pero como es un  
modelo bastante común en entornos urbanos y de altura en Ecuador, sus hallazgos siguen siendo  
relevantes más allá del caso particular. En definitiva, lo que muestran estos resultados es que el  
efecto del octanaje sobre el consumo y las emisiones depende de cada condición de conducción,  
sin que haya una ventaja mecánica generalizada de un combustible sobre el otro y eso aporta  
información técnica útil, aunque matizada, para optimizar el uso de combustibles y gestionar  
emisiones en entornos urbanos de gran altitud.  
DECLARACIÓN DE INTERÉS  
Los autores declaran no tener conflictos de interés relacionados con este trabajo.  
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IMPACTO DEL OCTANAJE DEL COMBUSTIBLE EN EL DESEMPEÑO, CONSUMO Y EMISIONES DEL MOTOR A MÁS DE 2500 MSNM  
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